DecaNO

Cuando era pequeñito la graduación de fin de carrera era simplemente una ilusión, más tarde reflexioné que se trataba de una americanada adaptada y finalmente descubrí que era insultante desde su nombre, ¿cuántos se gradúan por acabar la carrera y cuántos por cuándo debería haberla acabado?

Desde otras perspectivas personales el significado varía considerablemente: los familiares son víctimas de una publicidad engañosa, pero no creo que importe mientras se pueda presumir de hijo; para los alumnos es una oportunidad más para beber alcohol, para los profesores es una ocasión para resarcirse del interés opaco que se tiene hacía el alumnado durante toda la carrera y finalmente para el Decano es un excelente acontecimiento para hacer política (interna y externa de la facultad).

Con tantas interpretaciones lo único que está claro es que debería ser un acto para los alumnos, entre otras cosas porque carece de oficialidad. No es aceptable el “ninguneo” al que nos hemos visto sometidos por parte de quien es representante de la casa de los futuros juristas, juristas en potencia que, por cierto,  tienen el mismo ánimo de reivindicación, movilización y protesta que un pato; y donde no salgo excluido ¡claro!

Contra la opinión de los estudiantes, con el perjuicio de familiares y en contradicción de todos los principios democráticos, se toma la decisión de acuerdo a una sola agenda, a un solo interés.